El pasado 7 de octubre tuvo lugar en Madrid el 5º Círculo pAZientes organizado por la compañía farmacéutica ASTRAZENECA, bajo el título “Innovar y compartir: alianzas que transforman”. Uno de los espacios de reflexión más relevantes abierto en el mismo fue el dedicado a analizar cómo acelerar el tránsito desde la investigación clínica hasta el acceso real a la innovación por parte de los pacientes.
El debate puso sobre la mesa cuestiones clave para el futuro del sistema sanitario tales como el modo de avanzar hacia una investigación verdaderamente centrada en las personas; qué papel deben desempeñar los pacientes y sus organizaciones en la definición de las prioridades de investigación; cómo incorporar de forma efectiva la experiencia del paciente desde las fases más tempranas del desarrollo clínico; y qué cambios son necesarios para que su participación deje de ser puntual y pase a formar parte estructural de la toma de decisiones.
Asimismo, los participantes abordaron algunas de las principales preocupaciones que hoy trasladan los pacientes: las desigualdades en el acceso a la innovación, las diferencias que persisten entre territorios y centros asistenciales, el impacto de la información disponible y del acompañamiento recibido en la capacidad para tomar decisiones informadas, así como los distintos cuellos de botella que siguen existiendo entre la autorización de una innovación y su llegada efectiva a la práctica asistencial. También se reflexionó sobre qué factores dificultan la comprensión y aceptación de los tiempos de acceso y sobre qué cambios permitirían construir un recorrido más ágil, equitativo y sencillo desde la investigación hasta el paciente.
Desde la perspectiva de las organizaciones de pacientes, la directora del FEP puso de manifiesto la necesidad de reforzar una visión compartida entre investigadores, profesionales sanitarios, pacientes, industria y administraciones públicas. Solo desde esta alianza será posible avanzar hacia un modelo en el que la excelencia investigadora se traduzca realmente en mejores oportunidades, mejores resultados en salud y mayor equidad.
España vive un momento decisivo para la innovación sanitaria. Nuestro país se ha consolidado como uno de los líderes europeos en investigación clínica. No en vano, según datos ofrecidos por Farmaindustria, la inversión en I+D de la industria farmacéutica alcanzó los 1.775 millones de euros en 2025 y más de 1.000 millones de euros se destinaron a ensayos clínicos. España es, sin duda, un referente en investigación biomédica.
Pero la innovación no termina cuando un ensayo clínico demuestra resultados positivos ni cuando una terapia obtiene autorización regulatoria. Solo cumple plenamente su objetivo cuando llega al paciente adecuado, en el momento adecuado y en igualdad de condiciones.
Para conseguirlo, es necesario avanzar hacia un modelo en el que los pacientes no solo participen en la investigación, sino que contribuyan también a definir sus prioridades y los resultados que realmente importan. Del mismo modo, debemos seguir evolucionando hacia una investigación más representativa, incorporando de forma sistemática los determinantes sociales de la salud en el diseño de los ensayos clínicos y en las estrategias de reclutamiento. Factores como la situación económica, el nivel educativo, el lugar de residencia o la vulnerabilidad social condicionan tanto la participación en la investigación como el acceso posterior a la innovación.
Las desigualdades que trasladan los pacientes no dependen exclusivamente del territorio. También tienen que ver con el acceso a la información, la capacidad de derivación a centros especializados, el conocimiento de las opciones terapéuticas o la experiencia de los propios centros. Como consecuencia, personas con la misma enfermedad pueden tener oportunidades diferentes.
En este contexto, el futuro programa europeo de investigación e innovación para el periodo 2028-2034 representa una oportunidad para impulsar modelos más colaborativos, más inclusivos y más centrados en las necesidades reales de los pacientes.
España ha demostrado que puede liderar la investigación clínica. El siguiente paso debe ser liderar también el acceso a la innovación. Porque el verdadero éxito de nuestro sistema sanitario no se medirá únicamente por su capacidad para atraer ensayos clínicos o inversión, sino por su capacidad para convertir esos avances en oportunidades reales para todas las personas que los necesitan.